Horal

El mar se mide por olas,
el cielo por alas,
nosotros por lágrimas.

El aire descansa en las hojas,
el agua en los ojos,
nosotros en nada.

Parece que sales y soles,
nosotros y nada....

 

De la ilusión

Escribiste en la tabla de mi corazón:
desea.
Y yo anduve días y días
loco y aromado y triste.

 

Qué risueño contacto

! Qué risueño contacto el de tus ojos,
ligeros como palomas asustadas a la orilla del agua!
! Qué rápido contacto el de tus ojos
con mi mirada!

¿ Quien eres tú? ! Qué importa!
A pesar de ti misma,
hay en tus ojos una breve palabra
enigmática.
No quiero saberla. Me gustas
mirándome de lado, escondida, asustada.
Así puedo pensar que huyes de algo,
de mí o de ti, de nada,
de esas tentaciones que dicen que persiguen a la mujer casada.

 

No lo salves de la tristeza, soledad

No lo salves de la tristeza, soledad,
no lo cures de la ternura que lo enferma.
Dale dolor, apriétalo en tus manos,
muérdele el corazón hasta que aprenda.
No lo consueles, déjalo tirado
sobre su lecho como haz de yerba.

 

Con ganas de llorar

Con ganas de llorar, casi llorando,
traigo a mi juventud, sobre mis brazos,
el paño de mi sangre en que reposa
mi corazón esperanzado.

Débil aquí, convaleciente, extraño,
sordo a mi voz, marcado
con un signo de espanto,
llego a mi juventud como las hojas
que el viento hace girar alrededor del árbol.

Pocas palabras aprendí
para decir el raro
suceso de mi estrago:
sombra y herida,
lujuria, sed y llanto.

Llego a mi juventud y me derramo
de ella como un licor airado,
como la sangre de un hermoso caballo
como el agua en los muslos
de una mujer de muslos apretados.

Mi juventud no me sostiene, ni sé yo
lo que digo y lo que callo.
Estoy en mi ternura
lo mismo que en el sueño están los párpados,
y si camino voy como los ciegos
aprendiéndole todo por sus pasos.

Dejadme aquí. Me alegro. Espero algo.
No necesito más que un alto
sueño, y un incesante fracaso.

 

Tarumba
(algunos fragmentos)

**

Ay, Tarumba, tú ya conoces el deseo
Te jala, te arrastra, te deshace.
Zumbas como un panal.
Te quiebras mil y mil veces.
Dejas de ver mujer cuatro días
porque te gusta desear,
te gusta quemarte y revivirte,
te gusta pasarles la lengua de tus ojos a todas.
Tú, Tarumba, naciste en la saliva.
quién sabe en qué goma caliente naciste.
Te castigaron con darte sólo dos manos.
Salado Tarumba, tienes la piel como una boca
y no te cansas.
No vas a sacar nada.
Aunque llores, aunque te quedes quieto
como un buen muchacho.

**

Si alguien te dice que no es cierto,
dile que venga,
que ponga sus manos sobre su estómago y jure,
que atestigüe la verdad de todo.
Que mire la luz en el petróleo de la calle,
los automóviles inmóviles,
las gentes pasando y pasando,
las cuatros puertas que dan al este,
las bicicletas sin nadie,
los ladrillos, la cal amorosa,
las estanterías a tu espalda cayéndose,
las canas en la cabeza de tu padre,
el hijo que no tiene tu mujer,
y el dinero que entra con la boca llena de mierda.
Dile que jure en el nombre de Dios invicto
en el torneo de las democracias,
haber visto y oído.
Porque ha de oír también el crimen de los gatos
y un enorme reloj al que dan cuerda pegado a tu oreja.

**

Estos días, iguales a otros días de otros años,
con gentes iguales a otras gentes,
con las mismas horas y los mismos muertos,
con los mismos deseos,
con inquietud igual a la de antes:
estos días, Tarumba, te abren los ojos,
el viento largo y fino te levanta.
No pasa nada, ni estás solo.
Pasas tú con el frío desvelado
y pasas otra vez. No sabes dónde,
a dónde, para qué.
Oyes recetas de cocina,
voceadores, maullidos.
!Fiestas de la barriga, navidad, año nuevo,
qué alegres estamos,
qué buenos somos!
Tú , Tarumba, te pones tu alas de ángel
y yo toco el violín.
Y el viejo mundo aplaude con las uñas
y derrama una lágrima, y sonríe.

**

Lo que soñaste anoche,
lo que quieres, está
tan cerca de tus manos, tan imposible
como tu corazón.
tan difícil como apretar tu corazón.
Lo que anoche. Tarumba, viento de sueño,
sombra de sueño, creció arrebatándote,
era tu paz, era
la larga música del vidrio de tus venas.

Ahora tienes, el rostro como un espejo quebrado.
De araña a araña vas, como una mosca,
de día a día zumbas, cabeza de mil ojos,
mano con pelo, bocabierta, tarugo.
No creces nada,
ni siquiera naces.
Chupas de la botella de la muerte
y me dices !salud! entre hipo e hipo.

**

Quién sabe en que rincón del trago,
a qué horas, pensaste
que la vida era maravillosa.
Te pusiste tu cara de idiota
y te alegraste.
Sentiste que ibas a ser papá.
Amaste lo elemental. Hablaste
a las piedras, y sacaste del bolsillo
el resplandor de santo con que te ves tan bien.
Todos dijeron: !A un lado!
y pasaste en silencio, sobre la adoración.
Desde esa vez andas de mal humor.
Te molestan las gentes
y aún dentro del sueño
no miras nada.
Adelgazas como el viento
y oyes voces con el corazón.
Eres, casi, tu estatua.
! Alabado sea Dios!

**

Te puse una cabeza sobre el hombro
y empezó a reír;
una bombilla eléctrica,
y se encendió.
Te puse una cebolla
y se arrimó un conejo.
Te puse mi mano
y estallaste.

Di cuatro golpes sobre tu puerta
a las doce de la noche
con el anillo lunar,
y me abrió la sabana que tiene cuerpo de mujer,
y entré a lo obscuro.

En el agua estabas como una serpiente
y tus ojos brillaban con el verde que les corresponde a
esas horas.
Entró el viento conmigo
y le subió la falda a la delicia, que se quedó inmóvil.
El reloj empezó a dar la una
de cuarto en cuarto, con una vela en la mano.
La araña abuelita tejía
y la novia del gato esperaba a su novio.
Afuera. Dios roncaba.
Y su vara de justicia, en manos del miedo ladrón,
dirigía un vals en la orquesta.

Me soplaste en el ombligo
y me hinché y ascendi entre los ángeles.
Pero tuve tiempo de ponerme la camisita
y los zapatitos con que me bautizaron.
Tú quedaste como un cigarro ardiendo en el suelo.

**

Continuara ...........

 



  

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Este material ha sido recopilado de el libro de poemas "Nuevo recuento de poemas" de Jaime Sabines editado por Editorial Joaquín Mortíz S.A. México. 

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