El Dúo de los Enamorados

José Antonio Campos

 
No hay gente más feliz que los enamorados. Tienen la cabeza llena de mariposas rosadas y no piensan en otra cosa que en pelar la pava.
Para ellos no existe ningún achaque de la flaca humanidad. El mundo es una cosa y ellos están lejos de¡ mundo, en su perenne idilio, diciéndose todo lo que tienen que decirse.
Y qué se dicen? preguntará el desgraciado que no entiende de esas cosas.
En realidad, no se dicen mucho; pero es más lo que se repiten. La cuestión principal consiste en preguntarse mutuamente si se quieren, a pesar de ser una pregunta tontísima, porque se cae de su peso; pero es un punto que los enamorados necesitan esclarecer a todas horas.
Sigue el diálogo durante tres o cuatro horas sobre el mismo y eterno tema, y cuando al fin se separan, después de quinientas despedidas, e¡ varón sale escapado como una flecha.
A dónde creéis que va? A escribirle una carta a la muchacha, porque se le han olvidado muchas cosas que tenía que decirle.
Y ella qué hace? Está redactando una epístola en el mismo sentido.
Tales son los enamorados y las tremendas chifladuras que padecen; pero son también dignos de envidia, pues hallan la manera de formarse un paraíso lleno de encantos, aquí en esta desdichada tierra donde sólo hay un sinnúmero de calamidades.
Quién como ellos! Lo que les importa es jurarse amor.
Y en realidad, que lo demás no vale un pito!