REFLEXIÓN DEL MENSAJE DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA REINA DE LA PAZ

Por el Rev. P. Francisco Ángel Verar  

AÑO DE LA CONCEPCIÓN INMACULADA DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA          

                "Queridos hijos de nuevo los invito: Estén abiertos a mis mensajes. Hijitos, deseo acercarlos a todos a mi Hijo Jesús. Por eso, oren y ayunen. Los invito especialmente a orar por mis intenciones, de manera que pueda presentarlos a mi Hijo Jesús y así Él transforme y abra sus corazones al amor. Cuando tengan amor en el corazón reinará la paz en ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"
                                                                                                    
Mensaje del 25 de Julio, 2004                 

 Nuevamente la Reina de la Paz ha cumplido con su cita de ofrecernos su mensaje mensual. Y en esta ocasión, mientras se celebraba la Fiesta de Santiago Apóstol.

 En el mensaje de este 25 de julio la Reina de la Paz nuevamente nos urge a que tomemos en serio su llamado por la paz. Recordemos que la Virgen en Medjugorje se nos presenta desde el inicio como embajadora de la paz. Ese es el principal motivo de su visita y por ello ha permanecido con nosotros tanto tiempo. Y para lograr su objetivo, cada 25 de mes, nos da un hermoso mensaje. Cuando la Virgen dice ahora: “Queridos hijos, de nuevo los invito: Estén abiertos a mis mensajes” espera de todos nosotros una respuesta generosa. Lo que la Virgen espera de sus hijos no escapa a nuestras fuerzas. Ella  quiere que un río de amor corra lo más pronto posible entre los hombres para que triunfe la paz. “Abrirse” a los mensajes de la Virgen es abrirse al amor. Es por amor que María nos visita y es por medio del amor como la podemos ayudar a que se realicen plenamente sus proyectos. María en Nazaret estuvo abierta al amor. Por eso cumplió fielmente cuanto Dios le reveló y no tuvo dificultad para aceptar la exigencia de permanecer en su servicio. Si amamos a María no nos será difícil  abrirnos a sus mensajes. Al igual, si somos amantes de la paz y del bien de la humanidad. En una ocasión le preguntaron los videntes a la Virgen sobre el secreto que Jesús tuvo para poder orar tanto en medio de todas sus ocupaciones. Y Ella respondió: “por que mi Hijo tenía un gran deseo de salvar almas”. Y ese gran deseo era el amor. Cuando hay amor no cuesta ejecutar un deseo que una persona le pida a otra. Cuando se acaba el amor cualquiera petición que alguno haga  a otro se verá como un gran carga. Si amamos a la Virgen es fácil orar, ayunar…cumplir cuanto nos pide. Luego, “abrirse a los mensajes” es retomar la decisión de amar a nuestra Madre y amar sus proyectos de paz para la humanidad; tan azotada por vientos contrarios a la Verdad que Jesucristo nos enseñó.

 También la Virgen dice: “Hijitos, deseo acercarlos a todos a mi Hijo Jesús. Por eso, oren y ayunen”. Recordemos que el centro de la espiritualidad de Medjugorje no es la Virgen sino Jesús. La Virgen no quiere ser centro de la vida espiritual de nadie. Por el contrario, desea ardientemente que su Hijo Jesús reine en el corazón de cada hombre. El mayor mensaje que la Virgen trae a Menjugorje, como en cualquier otra Aparición, es siempre la conversión a Jesús. A tal punto, que podríamos decir, que quien tenga a Jesucristo en el centro de su corazón vivirá la espiritualidad de Medjugorje. La Virgen no espera otra cosa distinta a que nuestros corazones sean totalmente de su Hijo. Y para lograrlo la vía es siempre la oración y el ayuno.

 En cuanto a la oración es siempre un camino de acercamiento y conversión a Jesucristo. Quien toma en serio su vida de oración, le da a Jesucristo la posibilidad de reinar en su vida. Si el tiempo que la gente “moderna” le dedica al trabajo, al estudio, a la diversión, al internet, al televisor…se equiparara proporcionalmente a la oración, tendríamos ya una legión de santos al inicio de un nuevo siglo. Hay muchos en la Iglesia que quieren llegar a la santidad o bien, superar sus crisis interiores, familiares y sociales pero sin oración y sacrificios continuos. Por eso la Madre nos vuelve a recordar lo que desde el principio de sus apariciones cotidianas en Medjugorje nos advirtió: “Para logra la paz es necesario convertirse, orar y ayunar. Vuelvan a ser hermanos. Si me escuchas a mi se salvarán. De lo contrario se auto destruirán”.

 La oración y el ayuno en la vida espiritual, no son prácticas de piedad para un tiempo particular del año o frente a situaciones de crisis  solamente, sino elementos integrantes y comunes de la vida espiritual de cada bautizado. Lamentablemente, hay muchos cristianos que provienen de familias, supuestamente católicas, donde nunca se oró en común. Muchos provienen de colegios católicos y nunca aprendieron siquiera a rezar el santo rosario, leer la Biblia o practicar la Adoración eucarística. Muchos niños después de hacer la primera comunión y muchos jóvenes después de la Confirmación ya no retornan a la Iglesia. Las causas pueden ser muchas, pero lo importante es que sepamos que sin oración y ayuno constante, la fe no puede sostenerse. La Virgen lo sabe y nos hace tomar conciencia frecuentemente de ello. La oración y el ayuno son medicinas para el alma. Si queremos crecer espiritualmente no podemos abandonar estas armas espirituales.

 En cuanto a la oración, se pueden rezar, al menos tres partes diariamente del santo rosario, leer y meditar cada día un texto bíblico y dar espacio a la Meditación o Adoración eucarística SILENCIOSA, permitiéndole a Dios hablar al corazón. Inclusive habrán días que se practique más una expresión de oración que otra. También se debe participar de un grupo de oración, familiar o de amigos. En cuanto al ayunota Virgen a pedido a pan y agua todos lo miércoles y viernes del año que no coincidan en solemnidades. A algunos les parecerá exagerado. Para María no. Es lo que necesitamos para nuestro provecho espiritual. Y el ayuno se debe hacer sustituyendo las tres comidas habituales con sólo el pan y el agua, hasta la mañana del día siguiente. Y ha esto no hay que tenerle miedo. Por el contrario, es liberación, paz, salud, fortalecimiento de la fe, etc. Muchos preguntan del porqué dos días. Y la respuesta es clara: “por que un solo día de ayuno a la semana no es suficiente para cambiar nuestro corazón y ayudar a la Virgen en sus propósitos de paz y reconciliación de la humanidad”.

 En el mensaje también se nos dice: “Los invito especialmente a orar por mis intenciones, de manera que pueda presentarlos a mi Hijo Jesús y así Él transforme y abra sus corazones al amor. Cuando tengan amor en el corazón reinará la paz en ustedes”. Es importante destacar el hecho de la intercesión de María por todos los hombres. La Virgen no quiere que  dejemos de orar por las intenciones que cada uno pueda tener. Sino que se ore por aquello que en este momento es prioritario: “sus intenciones”. Cuando oramos por “sus intenciones”, Ella le presenta a Jesús la nuestras y saldremos beneficiados. Cada vez que tomemos el Rosario, hagamos oración personal o comunitaria, no olvidemos pedir por “las intenciones de la Virgen”. Ella en el cielo, por la ciencia infusa que posee en plenitud, conocedora de la voluntad de Dios, sabe mejor que nosotros las grandes urgencias de la humanidad. No caigamos en especulaciones ni esperamos que se nos revele lo que está por ocurrir en el mundo si desatendemos sus peticiones. Más bien seamos perseverantes en lo que nos pide. Si oramos por sus “intenciones” continuamente, entonces, también Ella intercederá para que se realicen nuestras justas aspiraciones que presentamos en oración. De todas ellas la primera: La transformación de nuestro corazón a la plenitud del amor. Ella nos dice: “Cuando tengan amor en el corazón reinará la paz en ustedes”, porque sabe que el amor divino es el secreto de la paz y el fruto de la paz es la felicidad plena que todo hombre busca. La Virgen nos está dando la receta de la conquista de la libertad interior. De nuestra parte está aceptarla o negarla. Hay muchos que buscan la paz practicando el yoga,  la meditación oriental, o bien la buscan por medio de la droga o el alcohol. La respuesta es más bien Jesucristo. Cuando Jesucristo reina en el corazón hay paz y amor plenos.

Al final la Virgen se despide con su habitual “gracias por haber respondido a mi llamado”. Es siempre una exhortación a responder con ánimo a su invitación materna. La Virgen sabe agradecer la respuesta que sus hijos le dan.