Historia de los ONAS

Etimología del nombre Onas:

Cuando los primeros navegantes se introdujeron en el canal de Beagle se encontraron con una etnia cuyas costumbres eran muy particulares y extrañas. Estos aborígenes acostumbraban a navegar por el canal, pero no solamente eso sino que también vivían permanentemente en sus canoas. Es por eso que en las fotos que se tienen de ellos se puede observar que poseen un torso muy desarrollado con brazos fuertes para remar pero unas piernas flacas y largas, signo de su sedentarismo sobre la canoa. En ellas dormían, los hombres cazaban focas, lobos y pescaban, las mujeres en cambio juntaban moluscos, bivalvos, etc. Además, sobre la canoa hecha de corteza de guindo, cosida con cuero de foca, emparchada con una pasta hecha de musgos, tierra, grasa de foca, y paja, los Yámanas conservaban encendido un pequeño fuego para mantener la temperatura en la canoa. Sólo descendían a tierra para conseguir los materiales que necesitaban para construir sus canoas que podían medir desde 2,8 hasta 5 metros de eslora, dependiendo del tamaño del ejemplar de Guindo que pudieran encontrar y de su tortuosidad. También acostumbraban descender a tierra para comer y asar lo que cazaban. Allí realizaban fuegos más grandes donde asaban la carne de foca y tostaban los moluscos. Estos sitios son fáciles de reconocer hoy en día pues alrededor de los fogones se acumulaban a través del tiempo pilas de restos de bivalvos, huesos de focas y de aves. De esta es como hoy en día se puede saber cual era la dieta y las costumbres alimenticias de estos pueblos. De aquí el nombre dado por los usurpadores a esta etnia: Yámanas.

Así fue que como esta etnia habitaba todo el canal de Beagle y sumaban alrededor de 2.800 habitantes los usurpadores establecieron contacto primero con ellos. Así pudieron saber que hacia el interior de la isla vivían otras etnias una de ellas la que habitaba los bosques de la isla era llamada por los Yámanas: Onishi, que luego por deformación del vocablo y por falta de conocimiento o información de las otras tribus o grupos étnicos que habitaban la isla se los denominó a todos Onas.

Los Onas se denominaban así mismos como Selk'nam. Eran cazadores y recolectores de raíces y frutos. Los hombres tenían un muy aguzado sentido del olfato, de la vista, del oído y de la orientación. También eran ávidos caminadores de paso firme y seguro, a la vez que silencioso, según cuentan los relatos de la época. Se decía también que un selk'nam caminando por el bosque llegaba más rápido a destino y sin dejar rastros, que un blanco corriendo detrás de él. Esto resultaría casi obvio pues éste era su hábitat natural su lugar de nacimiento y de caza. Los territorios de caza estaban muy bien divididos entre las etnias y los encontronazos o guerras que podían tener se sucitaban cuando un selk'nam advertía que alguien de otra tribu había andado por su territorio.   

Los Onas ocupaban toda la isla grande de Tierra del Fuego, excepto las costas del sur, donde habitaban los yámanas. En 1886 Polidoro Segers señaló la existencia de seis tribus onas, hablando cada una un dialecto distinto, pero eso ha sido negado y hoy se reconocen sólo dos grupos y dialectos, el de los haush o mánekenkn, que habitaban un pequeño territorio en el extremo sureste de la isla y los Ona o Selk'nam, que habitaban el resto del territorio. De ambos quedan materiales lingüísticos, si bien muy poco de los primeros. La cultura histórica de este pueblo se basaba en la caza del guanaco, realizada con arco y flecha. También pescaban con un arpón de madera con punta de piedra en las regiones costeras, y con redes de tendones de guanaco; recogían hongos y frutos silvestres. Las mujeres fabricaban una especie de tortas con las semillas molidas y tostadas de una crucífera llamada tay, mezcladas con grasa de lobo marino. Los zorros también se cazaban para aprovechar sus pieles. El fuego se encendía con piedras; se usaban paletas de guanaco y de lobo marino para derretir grasa; el asador para la carne era de palos; las semillas silvestres se tostaban con piedras calientes y también se usaban pinzas para cocinar. Se conservaba en pequeña cantidad carne seca, hongos y semillas, como provisiones. La vivienda era la propia de pueblos nómades: la mampara de cuero, consistente en un simple paravientos sostenido por unos palos, y la choza cónica de troncos, usada también como habitación de invierno. La vestimenta consistía en un manto de pieles de guanaco cosidas, con el pelo hacia afuera, lo cual explicaban diciendo que los guanacos llevaban su piel así; era vestimenta de hombres y mujeres; mujeres y niños llevaban una cubierta pública; también usaban polainas de cuero. Los hombres llevaban un pequeño adorno triangular de cuero en la frente, y las mujeres largos collares de caracoles o huesos de aves. Ambos sexos se pintaban la cara con los colores rojo, negro, blanco y amarillo, en dibujos sencillos. A veces las mujeres llevaban un delantalo pollerín de pieles, que les ceñía el torso y la cadera, llegando hasta la rodilla.

El arma fundamental era el arco y la flecha siendo el arco de un tamaño de un metro y medio y de una sección almendrada con acanaladuras laterales; la cuerda era de tendones de guanaco; la flecha tenía punta de piedra triangular, generalmente con un pedúnculo y bien tallada, con aletas y emplumado corto radial, de unos 70 cm de largo; una bolsa de piel de zorro servía para llevar los instrumentos pequeños y otras se usaban para llevar agua. Formones de piedra, raspadores, leznas, agujas sin ojo y alisadores de piedra completaban su instrumental. La cuna para llevar a los niños era en forma de pequeña escalera y se llevaba como mochila. No conocían instrumentos musicales y para el transporte ataban todo con cuerdas. hechas de cuero o tendones. No conocían las bebidas fermentadas, el tabaco ni las enfermedades traídas por los usurpadores.

En su organización social encontramos pequeñas bandas u hordas formadas por unas pocas familias emparentadas. El territorio que habitaban se hallaba subdividido en dos o tres docenas de territorios distintos propiedad de cada una de las hordas que comprendía largas fajas de territorios del interior y la costa. No existían jefes permanentes, pero los ancianos y los hechiceros llamados jon, tenían bastante influencia. Existía exogamia dentro de las hordas, o sea que los jóvenes buscaban esposa en las hordas vecinas, pintándose al efecto con motivos especiales para ser reconocidos como buscadores de esposas y no ser tratados como enemigos. Dominaba la monogamia, pero la poligamia era común. Las ceremonias de la iniciación eran principalmente para los jóvenes varones. La primera iniciación se realizaba dentro de las sociedades secretas a los 14 años, y luego los jóvenes eran declarados kloketen novicios y con este nombre se conoce a sus sociedades de varones. Para la ceremonia se construía una gran choza, semejante a la de los yámanas, y allí se daba enseñanza al novicio, se lo asustaba con la aparición de seres sobrenaturales enmascarados, los cuales también salían afuera para asustar a las mujeres; finalmente se les enseñaba la "doctrina secreta", que era sencillamente encaminada a mantener el predominio masculino sobre las mujeres. La difusión de esa enseñanza era condenada con la muerte de todos los enterados. La doctrina secreta comprendía, como entre los yámanas, la creencia de un antiguo poder femenino o matriarcado. Los siete postes de la choza de iniciación representaba a los antiguos fundadores del kloketen, los cuales aparecían en espíritu en las ceremonias. Esto significa una especie de totemismo, lo cual siempre se ha dicho que no existía entre estos indígenas, y su relación con una difusión de la antigua región araucana es manifiesta. En la religión de los Onas se dice que existía un ser supremo, al que llamaban Temaukel; Kenos, su mensajero, creó todas las cosas del mundo y fue el héroe civilizador de este pueblo; luego hay muchos otros dioses y espíritus, unos relacionados con el kloketen y otros con los Onas muertos. Los muertos eran envueltos con su manto de pieles y atados, luego enterrados o depositados, ocasionalmente, en cuevas o árboles huecos, nunca quemados. Las pertenencias del muerto eran destruidas y se prohibía pronunciar su nombre.

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