A.D.M.

Análisis de la Encuesta de Hogares
sobre Vida Familiar INEI 1999


Discusión de los resultados de la Encuesta sobre Vida Familiar
Al revisar los resultados de la encuesta es difícil no preguntarse:

    ¿cómo se pueden elaborar leyes de seguridad ciudadana basándose en encuestas de opinión?.

Desde un inicio, se advirtió acerca del mal uso que podrían hacerse de los resultados de este estudio, su carácter tendencioso y mal intencionado era evidente. Los hechos han demostrado que las preocupaciones iniciales estaban bien fundadas. Organizaciones como el Grupo de Apoyo para el Divorcio Unilateral (GADU) y otras organizaciones feministas vienen respaldando sus planteamientos en los dudosos resultados del estudio del INEI.

Pasando a otro punto, una revisión cuidadosa de los resultados revelan que existen por lo menos dos grupos de edad bien diferenciados. De un lado están las mujeres solteras, sin experiencia de vida familiar, que tienen entre 15 y 29 años; y por otro lado está el grupo de las mujeres casadas, con experiencia de vida de pareja y familiar, que tienen entre 30 y 65 años. Al presentar los resultados, el INEI ha mezclado las respuestas de los 2 grupos: mujeres solteras y mujeres casadas. No hay un análisis por separado de sus opiniones (no está demas recordar que se trata de un estudio que mide opiniones no hecho concretos).

Si comparamos estos resultados con los obtenidos por estudios recientes (e.j. Moreno, 1999), veremos como incluso a nivel internacional se dan interpretaciones erróneas de los datos. Por esa razón, no es de extrañar que la metodología nacional que se usa adolezca de las mismas fallas, tanto en el diseño de la encuesta como en su análisis.

    "En el caso de los gritos, las mujeres superan claramente a los varones, pero aunque en las otras formas de violencia (bofetadas y golpes con objetos) las mujeres aparentemente ejercen más violencia, el nivel de agresión es similar, ya que las mujeres perciben un mayor nivel de violencia (tanto ejercida como recibida) que los varones [1].

    Esta es una pauta cultural de primer orden en los países estudiados, donde las mujeres dan más importancia a lo que sucede en el hogar que los hombres. La imagen de la mujer que le insiste al esposo para que converse o le llama la atención sobre las dificultades conyugales, suele contrastar con la del varón, que resta importancia a las situciones conflictivas (...) aunque la violencia sea reciproca, el proceso suele darse en una situación en que habitualmente existe un diferencial de poder a favor del hombre [2].

    Por las relaciones desiguales que se han observado en las relaciones de pareja, el varón es el que suele controlar la autonomía de la mujer por medio de su aportación económica, apoyado en muchas ocasiones por instituciones públicas dominadas básicamente por hombres que no siempre tratan adecuadamente a las mujeres(...)

    Cualquier elemento que equilibre el poder dentro de la pareja, como el trabajo de la mujer fuera de casa, o la mejora de su fuerza física [3], pueden ejercer un efecto a la hora de equilibrar las consecuencias de los actos de violencia bidireccional" (p. 256).

En lo que se refiere a la violencia sexual, los resultados señalan que las encuestadas afirman que debe denunciarse como violencia sexual todo lo que ellas consideran que no es violencia sexual. Por ello, los datos contradictorios revelan un manejo tendencioso (o poco profesional) y mal intencionado.

También se presentan resultados que pueden usarse de forma tendenciosa, por ejemplo la pregunta de violencia según estrato social y sobre las sanciones para los agresores.

Finalmente, se observa en que forma las aplicación de esta encuesta ha ido cambiando la opinión inicial de las personas encuestadas. Por ejemplo, frente a la pregunta sobre si los problemas familiares son un asunto privado, casi el 80% de las encuestadas dijo estar de acuerdo con esta visión. Sin embargo, el efecto tendencioso de la encuesta se observa hacia el final de la misma, donde casi el 15% de las encuestadas afirman que las denuncias por violencia familiar deben ser realizados por cualquier persona que conozca el hecho (esto incluye a los desconocidos del entorno familiar inmediato). O si se prefiere, puede verse como casi el 100% de las mujeres encuestadas considera que los hechos de violencia familiar deben ser denunciados.


[1] En otras palabras, nos están diciendo que a pesar que las mujeres ejercen más violencia física contra los varones, el nivel de agresión entre hombres y mujeres es similar. Una conclusión bastante ilógica por cierto.

[2] He aquí un ejemplo de una afirmación que no tiene mayor respaldo empírico. Básicamente se trata de un comentario personal disfrazado de rigurosidad metodológica. Lo más grave del caso es que enunciados como éste son altamente efectivos, la mejor prueba de ello es que muchas personas repiten las mismas frases, las mismas consignas sin haberse detenido a analizar la cohrencia y validez de dichas afirmaciones.

[3] Según lo que el investigador plantea, para equilibrar el poder del hombre y la mujer, dentro de la pareja es recomendable que la mujer mejore su fortaleza física sea a través de cursos de defensa personal (karate, kung-fu, aikido, etc.) o de un entrenamiento físico intensivo. En otras palabras, preparar a la mujer para un combate cuerpo a cuerpo con su pareja es una alternativa que el autor considera saludable.





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Ultima actualización: 1 de abril de 2002